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Sobre
ombliguismo y falsa democracia Barcelona
Art Report 2001 |
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Mi
valoración sobre la Trienal de Barcelona no puede ser
positiva. Y no esquivo la posibilidad de que esta valoración
esté influenciada por mi propia relación con la
Trienal, es decir, por haber sido alguien implicado en un proyecto
que finalmente han llevado a término otras personas.
La destitución de la comisaria designada inicialmente para toda la Trienal o el concepto de suma y sigue de instituciones y acontecimientos artísticos sin que responda a una verdadera elección premeditada y coherente con alguna supuesta tesis, son cuestiones que de por sí no tendrían por qué marcar el lastre negativo que deja esta Trienal. Sería así si la comisaria general hubiese sido destituida por razones de calidad y rigor profesional y no como acto inmediato que responde más a la voluntad de eliminar a alguien incómodo y al deseo de dejar un cartel abierto a otras personalidades. Esa eliminación, y otras que me tocan directamente, también tienen que ver con un mal atávico en la ciudad: el miedo a delegar, a depositar la confianza en profesionales que puedan desarrollar su trabajo con libertad y sin comisarios, esta vez, políticos. Por otra parte la condición de suma y sigue de instituciones que ha presidido la Trienal no habría sido tan mala idea si hubiese sido el punto de partida original, mucho más modesto, a fin de conseguir una cohesión y colaboración de todo el contexto artístico de Barcelona y no esa especie de lucha de poderes en la que se ha convertido. Esa adhesión de instituciones ha sido precipitada y básicamente ha consistido en aportar el sello Barcelona Art Report sobre programaciones ya decididas de antemano. Vostestaqui me parece una exposición paradigmática de lo que ha sido y ha implicado la Trienal. Vostestaqui como un intento por mostrar el estado de las cosas en Barcelona, ha mostrado que el estado de las cosas es frágil e irregular. Ha mostrado poca ambición artística, y no de la otra que sí hay mucha; y que en arte no se puede ser democrático porque siempre te olvidarás de alguien y porque, como pasa en la propia exposición, hay artistas buenos y otros que no lo son, que no todo vale igual. Por eso existe la figura del comisario, es él quien señala y justifica el porqué: que propone lo que propone porque lo propone. Sólo a partir de ahí es posible discutir, lo demás es dejar el terreno baldío. Sin ser una opción curatorial, Vostestaqui propone una nueva versión de ombliguismo... al fin y al cabo, mirarse al ombligo ha sido la obsesión de la Trienal, es la obsesión de esta ciudad. Y por ello, más allá del Besos y el Llobregat la Trienal de Barcelona no existe. Espero que si estas palabras llegan a alguien no se vuelvan a tomar como es habitual de forma salomónica, sino que impliquen un análisis para que la próxima Trienal no sea un fracaso, sino un proyecto ambicioso en todos los sentidos: de ambición artística emprendida por un comisario o comisarios que puedan actuar con libertad y que aspire a decir algo en un ámbito mayor que el local; y/o que implique una inversión continuada en arte con la potenciación de lo que sí existe. David
G. Torres |
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