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		<title>La imaginaci&#243;n al poder</title>
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<category domain="http://www.davidgtorres.net/spip/spip.php?rubrique2">Texts</category>


		<description>Imaginemos un centro cultural en una ciudad mediterr&#225;nea. Imaginemos que ha tenido un mismo director durante casi veinte a&#241;os. Un director que ha marcado la personalidad del lugar. Tanto que el proyecto de instituci&#243;n ha quedado aliado a su persona, como si una no pudiese vivir sin el otro. Hasta el punto que cuando un nuevo gobierno decide finalmente cesarle ya no es posible programar la continuidad del modelo y la instituci&#243;n. Es demasiado tarde. As&#237; que pol&#237;ticos y administradores no saben muy (...)

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Imaginemos un centro cultural en una ciudad mediterr&#225;nea. Imaginemos que ha tenido un mismo director durante casi veinte a&#241;os. Un director que ha marcado la personalidad del lugar. Tanto que el proyecto de instituci&#243;n ha quedado aliado a su persona, como si una no pudiese vivir sin el otro. Hasta el punto que cuando un nuevo gobierno decide finalmente cesarle ya no es posible programar la continuidad del modelo y la instituci&#243;n. Es demasiado tarde. As&#237; que pol&#237;ticos y administradores no saben muy bien que hacer, no saben muy bien que decidir al respecto. Simplemente barajan diferentes nombres para ocupar su lugar. Nombres que deber&#237;an dotar a la instituci&#243;n de un nuevo car&#225;cter (tan aliado estaba a su antiguo director que a todos les parece imposible que siguiese siendo lo que era). Imaginar que piensan en organizar un concurso de ideas para su direcci&#243;n (en el sentido amplio de la expresi&#243;n, no solo la persona, sino el papel que debe asumir el centro) seria demasiado. Finalmente, entre los nombres que barajan hay uno que accede.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Imaginemos que ese nuevo director es un desconocido en los &#225;mbitos culturales. Imaginemos que ese desconocimiento es mutuo, porque lo primero que admite es que nunca ha pisado ese centro cultural. &#191;Por qu&#233; alguien acepta dirigir un lugar que desconoce? Puestos a imaginar: &#191;Quien aceptar&#237;a ser alcalde de un pueblo desconocido en Albania? Imaginando tambi&#233;n se podr&#237;a encontrar un s&#237;mil sexual y no habr&#237;a que ponerse moralistas: el sexo con extra&#241;os est&#225; bien. Pero &#191;Incluso con alguien que considerases desagradable? A lo mejor es que no se tienen m&#225;s opciones y la necesidad aprieta. Porque adem&#225;s de no haber pisado el centro, imaginemos que ese nuevo director tambi&#233;n admite que la programaci&#243;n anterior (que, recordemos, no ha visto) le desagradaba, que no le parec&#237;a adecuada o interesante. Pero imaginemos que quiz&#225;s forzado por la falta de liquidez o por la negativa de ese nuevo ligue reci&#233;n conocido pero que le resulta desagradable no puede pensar en hacerle un liffting o una sesi&#243;n de operaciones est&#233;ticas. Imaginemos que a pesar del desagrado decide continuar la l&#237;nea del director anterior, aquel que hab&#237;a aliado su personalidad a la del centro... Pero, claro, sin convicci&#243;n, desde la dificultad que implicar&#237;a tener que parecerte a aquello que te desagrada.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Sin duda cuando en las calles de Par&#237;s en 1968 los estudiantes escrib&#237;an sobre los muros de la universidad sloganes como &quot;la imaginaci&#243;n al poder&quot;, no se refer&#237;an a esta imaginaci&#243;n. Ahora los estudiantes se manifiestan y realizan asambleas en la universidad que est&#225; enfrente del CCCB, un centro donde en en 2008 el festival Xcentric program&#243; una selecci&#243;n de pel&#237;culas sobre mayo del 68 con el t&#237;tulo &#8220;Despu&#233;s del 68&#8221;.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Rafel G. Bianchi: &quot;La bandera en la cima&quot;</title>
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		<description>El artista que quiso pintar los catorce ochomiles &lt;br /&gt;En 2007 Rafel G. Bianchi decidi&#243; pintar las catorce monta&#241;as m&#225;s altas del mundo, las que tienen m&#225;s de ochomil metros de altitud, lo que en el mundo del alpinismo se conoce como los catorce ochomiles. Ha tardado casi cinco a&#241;os en acabar las catorce pinturas. Lo que muestra en el proyecto de &#8220;La bandera en la cima&#8221; son, adem&#225;s de las pinturas finales, la documentaci&#243;n relativa a su largo proceso de realizaci&#243;n. &#8220;La bandera en la cima&#8221; no es una (...)


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;strong class=&quot;spip&quot;&gt;El artista que quiso pintar los catorce ochomiles&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;span class='spip_document_67 spip_documents spip_documents_right' style='float:right; width:299px;' &gt;
&lt;img src='http://www.davidgtorres.net/spip/local/cache-vignettes/L299xH1300/tira-a3c82.jpg' width='299' height='1300' alt=&quot;&quot; style='height:1300px;width:299px;' class='' /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En 2007 Rafel G. Bianchi decidi&#243; pintar las catorce monta&#241;as m&#225;s altas del mundo, las que tienen m&#225;s de ochomil metros de altitud, lo que en el mundo del alpinismo se conoce como los catorce ochomiles. Ha tardado casi cinco a&#241;os en acabar las catorce pinturas. Lo que muestra en el proyecto de &#8220;La bandera en la cima&#8221; son, adem&#225;s de las pinturas finales, la documentaci&#243;n relativa a su largo proceso de realizaci&#243;n. &#8220;La bandera en la cima&#8221; no es una exaltaci&#243;n del monta&#241;ismo, sino que quiere manifestar la absurdidad de la figura del artista, del trabajo en arte y por extensi&#243;n de nuestra condici&#243;n en el mundo. Y lo hace aplic&#225;ndose mucho, poniendo esfuerzo y dedicaci&#243;n, sin establecer distancias, insistiendo en llevar a cabo un trabajo que reivindica su propia inutilidad.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;La guipuzcoana Edurne Pasaban tard&#243; nueve a&#241;os en subir, en este caso como escaladora, las mismas catorce monta&#241;as, convirti&#233;ndose en la primera mujer que lograba la gesta. Acab&#243; la ascensi&#243;n de la &#250;ltima, el Shisha Pangma en el Tibet, el 17 de mayo de 2011, en dura competencia con la sudcoreana Oh Eun-Sun que aseguraba haberlo conseguido con anterioridad y ocho meses antes de que Rafel G. Bianchi finalizase sus pinturas. Sin embargo Rafel G. Bianchi no ha tenido competidor, m&#225;s all&#225; de una pugna consigo mismo por acabar con un trabajo que dista mucho de ser una haza&#241;a. Un trabajo que ha requerido perseverancia y esfuerzo, pero que, igual que la ascensi&#243;n real, no lleva a ning&#250;n lugar. En una ocasi&#243;n le preguntaron a un alpinista que qu&#233; hac&#237;a cuando llegaba a la cima: simplemente, miraba al paisaje, echaba una meada y volv&#237;a a bajar.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Si la ascensi&#243;n de los catorce ochomiles requiere de largos desplazamientos hasta distintos pa&#237;ses por distintos continentes, Rafel G. Bianchi no se ha movido de su estudio sentado delante de un caballete. Cada cuadro de 117 por 82 cent&#237;metros est&#225; realizado a partir de una fotograf&#237;a de cada uno de los ochomiles: pintados en blanco y negro de manera detallista ofrecen un imagen casi fotogr&#225;fica. El proceso implicaba el trabajo diario de los cuadros por secciones. Despu&#233;s de cada jornada de trabajo el resultado era fotografiado. La suma de todas las fotograf&#237;as se muestra en &#8220;La monta&#241;a en la cima&#8221; en una sucesi&#243;n de diapositivas que recorren el progreso de la pintura como si se tratase del progreso de una ascensi&#243;n. Tambi&#233;n, diariamente Rafel G. Bianchi realizaba peque&#241;os dibujos en los que como un diagrama anotaba la evoluci&#243;n de los cuadros y que acaban configurando un calendario de la consecuci&#243;n de los objetivos. Una vez acabado, fijaba cada pintura con una veladura en color. El conjunto es un friso con las catorce pinturas cubiertas con veladuras en diferentes colores.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;El proyecto &#8220;La bandera en la cima&#8221; incluye, entonces, los catorce cuadros y tambi&#233;n todos los elementos del proceso: el calendario con los dibujos/diagramas de la evoluci&#243;n diaria y las diapositivas que documentan el proceso; documentaci&#243;n sobre alpinismo y el mito de los catorce ochomiles; tambi&#233;n una maqueta realizada a partir de la paleta que Rafel G. Bianchi ha utilizado para mezclar los colores (los grises, en realidad) y pintar cada cuadro; o unas pel&#237;culas en super8 realizadas durante la el proceso de ejecuci&#243;n de las pinturas. La implementaci&#243;n del proyecto con la suma de toda esta documentaci&#243;n y los elementos paralelos a las propias pinturas no responde a una cuesti&#243;n azarosa o casual, sino que suma referentes y estrategias del alpinismo y de la tradici&#243;n art&#237;stica. Como se puede comprobar a trav&#233;s de los libros sobre alpinismo incluidos la presentaci&#243;n del proyecto, &#8220;La bandera en la cima&#8221; reproduce el &#225;nimo documental que ha recorrido la historia del alpinismo: a los diarios de campo y los mapas se corresponder&#237;an los dibujos y diagramas del proceso de ejecuci&#243;n de las pinturas; a las fotograf&#237;as de las monta&#241;as y de los alpinistas en ascensi&#243;n, las diapositivas que muestran la evoluci&#243;n de cada cuadro; o a las pel&#237;culas en super8 de los alpinistas, la pel&#237;cula tambi&#233;n en super8 de Rafel G. Bianchi encerrado en su estudio. Pero las referencia a los elementos que rodean al alpinismo aparecen perfectamente solapadas a las referencias a la tradici&#243;n documental del arte conceptual. La documentaci&#243;n en fotograf&#237;as, v&#237;deos o pel&#237;culas remiten a el car&#225;cter documental que rodea los trabajos de artistas que van desde Art&amp;Language, pasando por Hans Hacke, Vito Acconci o Chris Burden, hasta Bas Jan Ader. En concreto, la referencia a este &#250;ltimo es especialmente destacada por los elementos de antiheroicidad relacionados con el papel del artista que tambi&#233;n presiden el trabajo de Rafel G. Bianchi.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Esta expansi&#243;n documental del proyecto acaba convirtiendo el objetivo, las catorce pinturas de los ochomiles, en un rastro m&#225;s, delatando que finalmente tan importante como el objetivo es el propio proceso, el trabajo de llevar a cabo la tarea. La importancia de la documentaci&#243;n y los elementos que rodean la ejecuci&#243;n de las catorce pinturas resalta, acent&#250;a, focaliza o hace hincapi&#233; en la tarea del artista.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En 2011, cercano a la finalizaci&#243;n de &#8220;La bandera en la cima&#8221;, Rafel G. Bianchi llev&#243; a cabo un proyecto de naturaleza muy distinta debido a, en este caso, la rapidez en su ejecuci&#243;n. Se trataba de &#8220;Qui&#233;n soy yo. Autoan&#225;lisis de inclinaciones y aptitudes&#8221;: durante varios d&#237;as Rafel G. Bianchi complet&#243; con esfuerzo y dedicaci&#243;n y bajo el control de una persona que actuaba de notario (David Armengol) el test de personalidad elaborado por William Bernard y Jules Leopold en 1948 para conocer las propias aptitudes psicol&#243;gicas e intelectuales. Se trataba de un ejercicio que m&#225;s all&#225; del autoconocimiento implicaba la exposici&#243;n p&#250;blica de las propias limitaciones. As&#237;, seg&#250;n el test, si bien el artista era apto para la vida conyugal o era un buen copista, no estaba dotado de creatividad ni de un especial coeficiente intelectual. El test desvelaba p&#250;blicamente la incapacidad del propio artista para actuar como tal. De hecho &#8220;La bandera en la cima&#8221; viene a confirmar los datos de &#8220;Qui&#233;n soy yo. Autoan&#225;lisis de inclinaciones y aptitudes&#8221; en la medida en la que muestra su aptitud, m&#225;s que para la creatividad, para el trabajo y la copia. Pero, sobre todo, aquello que aparece com&#250;n en ambos proyectos es la voluntad por ponerse en primer plano como objeto de an&#225;lisis, desde una perspectiva que busca poner en evidencia cual es su propio papel en el mundo como artista y desde una actitud autoir&#243;nica en la que aparece como una especie de buf&#243;n. En una escultura de 2005, &#8220;No preguntes al ignorante&#8221;, Rafel G. Bianchi enfatizaba el aspecto marginal del artista, su cualidad de buf&#243;n desde la autoparodia: se trataba de una escultura autorretrato a tama&#241;o real en clave c&#243;mica en posici&#243;n de no entender nada con las orejas rojas.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Sin embargo, en &#8220;La bandera en la cima&#8221;, m&#225;s all&#225; de la autoparodia, que aparece de manera m&#225;s contenida o alusiva, es precisamente el desarrollo de una tarea absurda la que es llevada al l&#237;mite. En primer lugar, en el empe&#241;o con el que ha llevado a cabo una tarea autoimpuesta. Pero, tambi&#233;n, en la voluntad por expandir el proyecto, por desplegarlo en los elementos documentales que lo acompa&#241;an y en hacerlo, de nuevo, con &#233;nfasis, en una especie de bucle. As&#237;, no bastaba con mostrar los dibujos y diagramas del proyecto, con documentarlo fotogr&#225;ficamente o filmarlo. A partir de ah&#237;, el despliegue continua. Andr&#233;s Hispano se ha encargado de rodar en Super8, de hacer el montaje y edici&#243;n de una pel&#237;cula del proyecto y Antonio Ortega, tambi&#233;n artista, se ha encargado de componer (desde el absoluto desconocimiento musical) una banda sonora para esa misma pel&#237;cula. Pero la jugada sigue: la artista Regina Gim&#233;nez ha hecho el cartel de la pel&#237;cula, la banda sonora tambi&#233;n tiene su propio cartel realizado por el dise&#241;ador gr&#225;fico Alex Gifreu y, finalmente, los tambi&#233;n dise&#241;adores de La Mosca han hecho el cartel del conjunto del proyecto. &#8220;La bandera en la cima&#8221; no es s&#243;lo un proyecto de Rafel G. Bianchi, sino que en su despliegue han intervenido otros creadores. Y no es s&#243;lo el proyecto de pintar los catorce ochomiles con su propio cartel y otros elementos, tambi&#233;n es el proyecto de realizar una pel&#237;cula, una banda sonora... Todo al servicio de un proyecto que busca delatar su absurdidad.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;&#8220;La bandera en la cima&#8221; muestra al artista como un antih&#233;roe embarcado en un proyecto absurdo. Y al explorar o evidenciar la posici&#243;n del artista afirmando su propia inutilidad desvela su condici&#243;n pol&#237;tica. Una condici&#243;n resistente que recoge una tradici&#243;n de compromiso pol&#237;tico del arte basada en su ineficiencia: desde la negativa a la productividad de Marcel Duchamp a el &#8220;NO&#8221; de origen dada&#237;sta de los situacionistas. Si la tarea del artista est&#225; basada en su absurdidad, en su condici&#243;n de buf&#243;n o en su inutilidad es porque se muestra en oposici&#243;n a un r&#233;gimen pol&#237;tico y econ&#243;mico basado en los resultados, la utilidad y el pragmatismo. De hecho, el compromiso en lo pol&#237;tico est&#225; presente en el proyecto de Rafel G. Bianchi desde el inicio, de manera ir&#243;nica, en el t&#237;tulo: &#8220;La bandera en la cima&#8221;. En realidad, el car&#225;cter absurdo que recorre todo el proyecto se resume en destacar la acci&#243;n rid&#237;cula de clavar una bandera en la cima de una monta&#241;a y se expande hacia la puesta en cuesti&#243;n o la mofa sobre todas las banderas. Una de las proclamas de los manifiestos dada&#237;stas propon&#237;a: &#8220;cagar en colores bien combinados y adornar el zool&#243;gico art&#237;stico con la bandera de todos los consulados&#8221;. Frente a la violencia verbal del dada&#237;smo, Rafel G. Bianchi opone el humor y la iron&#237;a.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Si en &#8220;Qui&#233;n soy yo. Autoan&#225;lisis de inclinaciones y aptitudes&#8221; y &#8220;No preguntes al ignorante&#8221; aparec&#237;a autorretratado, en &#8220;La bandera en la cima&#8221; no s&#243;lo aparece como el protagonista pintor sino que el hecho de pintar monta&#241;as tiene que ver con su propio origen: Olot. Esta peque&#241;a ciudad del prepirineo catal&#225;n no s&#243;lo es conocida por ser la capital de una comarca plagada de monta&#241;as y volcanes, tambi&#233;n por una escuela pict&#243;rica del siglo XX basada en el paisajismo.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Si en la documentaci&#243;n del proyecto las referencias al alpinismo aparecen ligadas a las de la tradici&#243;n del arte conceptual, la referencia al paisajismo tambi&#233;n aparece asociada a la tradici&#243;n conceptual. Esa reflexi&#243;n sobre el papel del artista y la reclamaci&#243;n pol&#237;tica impl&#237;cita en la realizaci&#243;n de una tarea absurda est&#225; marcada por el tedio. El tedio que ha supuesto la reproducci&#243;n detallista, minuciosa y por fases de las fotograf&#237;as de los catorce ochomiles implica al mismo tiempo una puesta en primer plano del yo del artista pero desde un vaciado expresionista o pasional, desde el vaciado del gesto del artista que era caracter&#237;stico precisamente del paisajismo. Una operaci&#243;n com&#250;n en muchos artistas que recogen la tradici&#243;n conceptual: la recuperaci&#243;n de un sujeto que es a la vez implicado y distante.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;El pintor flaneur vuelve a encerrase en su estudio y se impone una tarea tan tediosa como absurda. Una tarea de la que muestra todas su fases, que se despliega y abre en diferentes cap&#237;tulos. En definitiva, que configura una narrativa, un cuento, una peque&#241;a historia que se bifurca atendiendo a diferentes temas: la del artista que quiso pintar los catorce ochomiles.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>La experiencia Ikeda</title>
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	<item>
		<title>&#191;Qu&#233; ser&#225; de nosotros?</title>
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		<description>Que la educaci&#243;n es una cuesti&#243;n fundamental para el desarrollo de la sociedad y el individuo es algo en lo que todos estamos de acuerdo. En el terreno del arte contempor&#225;neo desarrollar programas formativos, enfatizar la educaci&#243;n, ha sido una prioridad. Conscientes de los d&#233;ficits de la universidad se ha producido un desarrollo creciente de los cursos, talleres, postgrados y m&#225;sters. En este contexto, sino una prioridad, s&#237; pioneros, han sido los cursos dirigidos a j&#243;venes artistas. Desde la (...)

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Que la educaci&#243;n es una cuesti&#243;n fundamental para el desarrollo de la sociedad y el individuo es algo en lo que todos estamos de acuerdo. En el terreno del arte contempor&#225;neo desarrollar programas formativos, enfatizar la educaci&#243;n, ha sido una prioridad. Conscientes de los d&#233;ficits de la universidad se ha producido un desarrollo creciente de los cursos, talleres, postgrados y m&#225;sters. En este contexto, sino una prioridad, s&#237; pioneros, han sido los cursos dirigidos a j&#243;venes artistas. Desde la QUAM hasta los cursos de Hangar, los talleres para reci&#233;n licenciados han venido a cubrir el d&#233;fict que se intuye que la universidad no cubre: un inicio hacia la profesionalidad. Ese era el sentir de la QUAM cuando Florenci Gunt&#237;n calificaba su programa como una Escola Invisible, y est&#225; a&#250;n m&#225;s claro en los cursos de Hangar decididamente orientados a dar herramientas de cara a la profesionalizaci&#243;n. Efectivamente, los nuevos artistas y agentes del arte son mucho m&#225;s profesionales que antes. El mundo del arte tambi&#233;n se ha hecho m&#225;s profesional, con canales y estrategias claras y &#250;tiles que van m&#225;s all&#225; del valor de lo que se dice o se tiene que decir. En fin, un artista ya sabe hacer un dossier y como moverlo, tambi&#233;n sabe los nombres y los lugares. Y &#191;ahora qu&#233;?&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Tal vez el &#233;xito, tal vez el desierto, tal vez las dos cosas. &#191;Y despu&#233;s qu&#233;? El reconocimiento o el olvido o las dos cosas.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;La juventud es indiscutiblemente es uno de los valores m&#225;s destacados en nuestra sociedad: basta hacer un poco de zapping en la televisi&#243;n, revisar la cartelera de cine o ver a quien va dirigida la mayor parte de la publicidad. La experiencia, la edad y sus desventajas est&#225;n excluidas: incluso las jubilaciones corren peligro. El tiempo es cruel y pasa factura: lo que hoy parece un &#233;xito indiscutible, pasa de moda, y se olvida. La crisis acrecienta situaciones desafortunadas. Y la edad significa enfermedad y dificultades que se agrandan si la situaci&#243;n econ&#243;mica global se agrava, si no se ha contado con ello, si el estado del bienestar desaparece. Otros profesionales de la cultura, como los actores lo saben bien, y por eso ya hace a&#241;os crearon la Casa del Actor donde encuentran acogida aquellos actores en dificultades por edad y enfermedad que han ca&#237;do en el olvido. Y en el terreno del arte en Estados Unidos algunas fundaciones han creado programas similares para artistas. Algunos se basan en un mecanismo sencillo: se alimentan de obras en donaci&#243;n de los propios artistas que aseguran un fondo econ&#243;mico y as&#237;, en el caso de que las cosas se tuerzan, una posibilidad de supervivencia. Es un error creer que las carreras profesionales s&#243;lo siguen un ritmo ascendente, tambi&#233;n se cae. Evitar el olvido con revisiones sobre los trabajos es importante, tambi&#233;n lo ser&#237;a aligerar otros posibles da&#241;os, menos heroicos, m&#225;s f&#237;sicos y pragm&#225;ticos: la enfermedad, la decrepitud, la falta de asistencia o la soledad &#191;Para cu&#225;ndo la Casa del Artista?&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Barcelona, otro recorrido posible</title>
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		<title>No present</title>
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		<description>Los chicos de los Sex Pistols siempre negaron que nunca hubiesen pensado en el situacionismo. John Lydon (Johnny Rotten) en sus memorias, &#8220;No Irish, no Blacks, no Dogs&#8221;, dice claramente que aquello era un invento de Malcolm McLaren, que no ten&#237;an ni idea de que era el situacionismo. Al fin y al cabo se trataba de j&#243;venes working class sin futuro. Aunque tanta negaci&#243;n s&#237; sonaba a situacionismo y tanto Malcolm McLaren como Jamie Reid sab&#237;an bien a que se refer&#237;an al se&#241;alar justamente su estado de (...)

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Los chicos de los Sex Pistols siempre negaron que nunca hubiesen pensado en el situacionismo. John Lydon (Johnny Rotten) en sus memorias, &#8220;No Irish, no Blacks, no Dogs&#8221;, dice claramente que aquello era un invento de Malcolm McLaren, que no ten&#237;an ni idea de que era el situacionismo. Al fin y al cabo se trataba de j&#243;venes working class sin futuro. Aunque tanta negaci&#243;n s&#237; sonaba a situacionismo y tanto Malcolm McLaren como Jamie Reid sab&#237;an bien a que se refer&#237;an al se&#241;alar justamente su estado de j&#243;venes sin futuro resumido en el eslogan &#8220;No future&#8221;. Pero, la referencia era tambi&#233;n m&#225;s contextual. En 1945 el partido laborista brit&#225;nico gan&#243; las elecciones a los conservadores de Winston Churchill con el eslogan: &#8220;Let Us Face the Future&#8221;. En 1976 quedaba bien poco de ese futuro y ya se anunciaba la llegada en 1979 de Margaret Thatcher. Como escrib&#237;a Dora Garc&#237;a en una de sus frases doradas: &#8220;el futuro ya no es lo que era&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;O llevaban raz&#243;n Malcolm McLaren y Jamie Reid o Johnny Rotten no se enteraba de nada o, lo m&#225;s probable, las dos cosas: la negaci&#243;n y la t&#225;bula rasa, el deshacerse de todo, del Punk del 77 recog&#237;a un rumor lejano, un ruido, que no s&#243;lo se remontaba hasta el Situacionismo sino hasta Dada. Greil Marcus en &#8220;Rastros de carm&#237;n&#8221; habla de ello, cuando cree reconocer en el rechinar de dientes de Johnny Rotten al cantar no hay futuro el eco de una rabia que habr&#237;a recorrido todo el siglo XX. Dada quer&#237;a cagarse en las banderas de colores de todos los consulados (fueron de los pocos en ver que el nacionalismo era el aut&#233;ntico problema que hab&#237;a llevado a la guerra), estaba contra todo y fundamentalmente o en primer lugar contra Dada. Dada era la negaci&#243;n absoluta y entre esas negaciones propon&#237;a abolir el futuro. En fin, si este presente no tiene futuro, la mejor manera, entonces, de abolirlo es acabar con su futuro.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En 2007 con Sacha Craddock y Graham Gussin en Bloomberg Space de Londres preparamos una exposici&#243;n que pretend&#237;a recuperar ese ruido de fondo. La referencia al Punk, situacionismo y Dada en el t&#237;tulo era evidente: &#8220;No, future&#8221;. Insist&#237;a en la negaci&#243;n y, al mismo tiempo, la coma entre la negaci&#243;n y el futuro habr&#237;a cierto enigma. O por lo menos cierta distancia frente al eslogan original (sin coma). Tal vez la misma distancia que mostraba el t&#237;tulo de la pel&#237;cula-reportaje que Julien Temple dedic&#243; al l&#237;der de The Clash, Joe Strummer: &#8220;The Future Is Unwritten&#8221;. El futuro est&#225; abierto. La misma frase la utiliz&#243; el estudio de dise&#241;o gr&#225;fico Bis] para felicitar el a&#241;o nuevo en 2008, 2009 y 2010. Aparec&#237;a recortada sobre un gran papel blanco pegado en hojas de peri&#243;dicos atrasados. S&#237;, el futuro puede estar abierto pero el gesto negador sigue estando ah&#237;: frente a las buenas promesas para el pr&#243;ximo a&#241;o y los felices deseos que habitualmente todos muestran en sus felicitaciones al acabar el a&#241;o, la incertidumbre. A esa incertidumbre se refer&#237;a otra de las frases doradas de Dora Garc&#237;a en 2005: &#8220;le futur doit &#234;tre dangereux&#8221;.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Tanto el &#8220;no hay futuro&#8221; literal del Punk o Dada que lo niega y lo abole, como el &#8220;No, future&#8221; que siembra incertidumbre, denotan la inexistencia del futuro. Y ahora esa inexistencia no es para nada figurada. En primavera de 2011 Mireia Dom&#232;nech propon&#237;a una exposici&#243;n documental en la sede de A*DESK: &#8220;Zombies&#8221;. Documentaba la actualidad cultural de fen&#243;meno zombie: como los temas, historias o la figura de los zombies han ocupado un gran espacio en la producci&#243;n cultural, desde lo m&#225;s popular (las zombies parades o las series de televisi&#243;n dedicadas a ellos), hasta ensayos (el finalista del premio anagrama de 2011 es Jorge Fern&#225;ndez Gonzalo con el ensayo titulado &#8220;Filosof&#237;a Zombie&#8221;), pasando por pel&#237;culas, libros o obras de artistas como Christian Jankowski y, de nuevo, Graham Gussin. Al principio de la exposici&#243;n un esquema mostraba la evoluci&#243;n de la producci&#243;n de pel&#237;culas y libros dedicados a los zombies en los &#250;ltimos a&#241;os. La progresi&#243;n era aritm&#233;tica. Tambi&#233;n en un cartel explicitaba el porqu&#233; de la exposici&#243;n y su actualidad: durante el crack del 29 hab&#237;a proliferado la producci&#243;n de ficci&#243;n basada en el miedo a los monstruos; durante la guerra fr&#237;a esa producci&#243;n de ficci&#243;n se concentr&#243; en el miedo a un futuro radioactivo y la invasi&#243;n extraterrestre; ahora, tras la crisis de 2008, el protagonista de la producci&#243;n cultural no tiene que ver con el miedo al futuro, es el zombie. Radioactividad y Ovnis anunciaban un futuro dram&#225;tico o, por lo menos, un futuro. En la pel&#237;cula &#8220;The Road&#8221; de 2009 Viggo Mortensen vaga con su hijo por un futuro impreciso y vac&#237;o, un puro desierto, no hay nada. En realidad, vaga por un futuro que no existe.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Toda la producci&#243;n de ficci&#243;n sobre el futuro nunca ha hablado del futuro, sino del presente. Ha seguido una premisa antropol&#243;gica b&#225;sica: hablar de los otros es hablar de nosotros. Da igual quien sean esos otros, del futuro o del pasado. Incluso Dada al abolir el futuro lo hac&#237;a para acabar con el presente. Pero si verdaderamente no hay futuro, literalmente, si no existe en el imaginario, si es un vac&#237;o indeterminado, lo que no hay es ahora: &#8220;No present&#8221;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Iluminar o ilustrar</title>
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		<dc:creator>David G. Torres</dc:creator>

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		<description>No deja de ser curioso que el movimiento cultural que protagoniz&#243; el siglo XVIII en castellano o catal&#225;n se denomine &#8220;la ilustraci&#243;n&#8221; o &#8220;la i&#320;lustraci&#243;&#8221;, mientras que en el contexto anglosaj&#243;n y franc&#243;fono (verdaderas cunas ilustradas) se denomina &#8220;Enlightenment&#8221; (iluminaci&#243;n) y &#8220;Lumi&#232;res&#8221; (luces), respectivamente. La ilustraci&#243;n se asimila al Siglo de las Luces, provocando tambi&#233;n una asimilaci&#243;n de su contenido: iluminar al hombre, sacarlo de la oscuridad, verdadero proyecto del movimiento, implica (...)

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;No deja de ser curioso que el movimiento cultural que protagoniz&#243; el siglo XVIII en castellano o catal&#225;n se denomine &#8220;la ilustraci&#243;n&#8221; o &#8220;la i&#320;lustraci&#243;&#8221;, mientras que en el contexto anglosaj&#243;n y franc&#243;fono (verdaderas cunas ilustradas) se denomina &#8220;Enlightenment&#8221; (iluminaci&#243;n) y &#8220;Lumi&#232;res&#8221; (luces), respectivamente. La ilustraci&#243;n se asimila al Siglo de las Luces, provocando tambi&#233;n una asimilaci&#243;n de su contenido: iluminar al hombre, sacarlo de la oscuridad, verdadero proyecto del movimiento, implica ilustrarlo, es decir, instruirlo y aclarar la comprensi&#243;n del mundo. En ambas acepciones, como iluminaci&#243;n y como ilustraci&#243;n, en su voluntad emancipadora del individuo, subyace la intenci&#243;n de desarrollar un programa en el que la educaci&#243;n y la formaci&#243;n de las personas est&#233;n en primer plano. Efectivamente, ilustrar e iluminar pueden tener significados semejantes, pero ilustrar tambi&#233;n remite al hecho de decorar o ejemplificar un relato o una idea, en principio, con im&#225;genes. Ambos sentidos de la palabra ilustraci&#243;n est&#225;n muy pegados: una ilustraci&#243;n acompa&#241;ando un texto aporta luz sobre lo que est&#225; escrito, de la misma manera que la escritura puede aportar luces sobre la imagen. El nudo en cualquier caso est&#225; en una de las bases del proyecto ilustrado: el conocimiento.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Aportar conocimiento, iluminar al individuo a trav&#233;s de la raz&#243;n configura el proyecto del Siglo de las Luces. Y, a pesar de todas las crisis que el proyecto ha padecido (desde su mismo seno en el Romanticismo), parece ser una idea potente que no s&#243;lo argumenta los discursos demagogos de las pol&#237;ticas culturales, sino que se enuncia para glosar las bondades de la pr&#225;ctica art&#237;stica. Aun cuando es dif&#237;cil pensar en que medida el arte contempor&#225;neo ha ilustrado o iluminado algo. Al fin y al cabo, m&#225;s cultura, m&#225;s arte, no parece haber conseguido una sociedad m&#225;s justa o igualitaria basada en el conocimiento como finalidad. Por ello, el t&#237;tulo de la &#250;ltima bienal de Venecia, ILLUMInations (referido fundamentalmente a entender el arte como iluminador) aparec&#237;a como una especie de canto de sirena: &#191;qu&#233; puede iluminar el arte? De hecho en el cat&#225;logo general de la exposici&#243;n a una serie de preguntas en una l&#237;nea muy iluminadora los artistas participantes respond&#237;an con, al menos, escepticismo. No s&#243;lo por la extra&#241;eza que alianza entre iluminaci&#243;n y naci&#243;n en el t&#237;tulo pueda provocar: parece contradictorio referirse a un proyecto ut&#243;pico en la producci&#243;n art&#237;stica como iluminadora, asociado intimamente a una idea de los individuos en convivencia o igualdad m&#225;s all&#225; de or&#237;genes, con el hecho de que aquello que viene a iluminar son precisamente a las naciones, a la naci&#243;n que siempre presupone un elemento de exclusi&#243;n (o as&#237; lo evidenciaba claramente el proyecto de Santiago Sierra para el pabell&#243;n espa&#241;ol de la bienal en 2003 al impedir la entrada a todos los que no portasen documentaci&#243;n espa&#241;ola). A menos que tal contradicci&#243;n sea voluntaria. Quiz&#225;s sea as&#237; y se haya buscado resaltar todas las contradicciones de la iluminaci&#243;n. Al fin y al cabo una de las apuestas fundamentales de esta bienal era la exposici&#243;n de unos cuadros de Tintoretto.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Tintoretto es el pintor del magn&#237;fico &#8220;Lavatorio de los pies&#8221; del Museo del Prado en el que el espacio se organiza en profundidad a trav&#233;s de los cuerpos y la arquitectura; de la perspectiva a&#233;rea que hace que la escena flote como envuelta en una nebulosa; y de la luz que ilumina el primer plano, desaparece en la oscuridad de una segunda estancia abierta pero en sombra y resplandece al fondo. Sin duda, de manera literal, si Tintoretto era recuperado para el discurso sobre arte contempor&#225;neo que propon&#237;a la &#250;ltima edici&#243;n de la Bienal de Venecia es justamente por su uso de la luz. La luz como luz divina en el sentido heredado de Plotino: Dios es luz.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Tintoretto pint&#243; el &#8220;Lavatorio de los pies&#8221; entre 1548 y 1549. S&#243;lo dos a&#241;os antes de empezar el cuadro tuvo lugar el primer encuentro de los 25 que conformaron el Concilio de Trento que se desarroll&#243; hasta 1563. Y que a la postre significar&#237;a la separaci&#243;n entre la iglesia romana y la reformista. Un hecho del que no es para nada ajena la cuesti&#243;n de la luz y la representaci&#243;n o de la iluminaci&#243;n y la ilustraci&#243;n. De hecho uno de los puntos nodales teol&#243;gicos de a la postre iglesia reformista tendr&#237;a que ver con el papel asignado a las im&#225;genes en la iglesia y su asimilaci&#243;n a la imagineria y la idolatr&#237;a religiosa. Frente a esa idolatr&#237;a la propuesta de espiritualidad interior, de llevar m&#225;s all&#225; la idea de Dios como luz a Dios como espiritualidad, eliminaba la cualidad mediadora de las im&#225;genes con lo divino y su car&#225;cter representacional o ilustrativo. Si bien la Reforma implica la separaci&#243;n entre iglesia y estado, una volcada al interior y lo espiritual y el otro dedicado a la ordenaci&#243;n de lo mundano, tambi&#233;n implica una especie de irreconciliaci&#243;n entre la iluminaci&#243;n y la ilustraci&#243;n. Esa era la batalla del Renacimiento y esa era la batalla de Tintoretto: entre ilustrar e iluminar.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En algunos de los textos cr&#237;ticos de te&#243;ricos contempor&#225;neos como Rosalind Krauss, entre otros, sobre artistas pr&#243;ximos al Minimal, desde Richard Serra a Dan Flavin hasta James Turrell (presente justamente en la &#250;ltima Bienal de Vencia) no es extra&#241;o encontrar alusiones a la espiritualidad, o revisiones de sus obras interpretadas en clave humanista, como una reintrepretaci&#243;n o actualizaci&#243;n de la pintura religiosa del Renacimiento. Es decir, casi como si las obras de Dan Flavin o Donald Judd fuesen una especie de pintura del Renacimiento revisada en clave calvinista, sin representaci&#243;n. Pareciera como si justamente la necesidad de raz&#243;n, de humanismo, de &#8220;Enlightenment&#8221; o &#8220;Lumi&#232;res&#8221; quedase enfrentada a la cuesti&#243;n de la imagen, la ilustraci&#243;n, asimilada a la idolatr&#237;a y lo irracional.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;No es para nada casual la relaci&#243;n que se puede establecer entre trabajos como los de Dan Flavin o Donald Judd y el calvinismo. La oposici&#243;n entre iluminaci&#243;n e im&#225;genes se cifra en una dicotom&#237;a entre raz&#243;n e irracionalidad en un camino plagado de iconocl&#225;stia. Manuel Delgado a partir de la investigaci&#243;n de los episodios de iconocl&#225;stica durante la Guerra Civil espa&#241;ola principalmente (intensamente documentados por Pedro G. Romero) ha estudiado ampliamente el camino de la iconocl&#225;stia desde Bizancio y el Islam &#8211;en una pugna por los valores espirituales frente al paganismo identificado con la adoraci&#243;n a las im&#225;genes de origen romano&#8211;, pasando por la Reforma &#8211;en la separaci&#243;n entre religi&#243;n y estado&#8211;, la ilustraci&#243;n &#8211;como proyecto de la raz&#243;n opuesto a la idolatr&#237;a&#8211;, hasta la iconocl&#225;stia contempor&#225;nea espa&#241;ola como un intento por recuperar una modernidad occidental perdida y que reconoce inmediatamente su misi&#243;n: acabar con la im&#225;genes religiosas es establecer un orden basado en la raz&#243;n. Se tratar&#237;a as&#237; de iluminar e ilustrar, en su sentido m&#225;s instructivo (las misiones pedag&#243;gicas de la Rep&#250;blica).&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Pero entonces el problema estar&#237;a no ya en c&#243;mo instruir (toda una compleja cuesti&#243;n) sino en si es posible instruir: &#191;qu&#233; iluminar? En 1902 Lenin publicaba un libro anticipo de la revoluci&#243;n quince a&#241;os m&#225;s tarde en Rusia, cuyo t&#237;tulo enunciaba una pregunta paralela &#8220;&#191;Qu&#233; hacer?&#8221;. Y cincuenta a&#241;os m&#225;s tarde, despu&#233;s de una primera mitad de siglo convulsa, Adorno escrib&#237;a la c&#233;lebre frase &quot;Escribir poes&#237;a despu&#233;s de Auschwitz es un acto de barbarie&quot;, reconvertida muchas veces en otra pregunta: &#191;es posible escribir poes&#237;a despu&#233;s de Auschwitz? De alguna manera, entre una y otra pregunta se desvela el sustrato ideol&#243;gico subyacente en el intento de hacer obras iluminadoras: la revisi&#243;n calvinista de la pintura renacentista, el intento de hacer un arte iluminador pero no ilustrador, una pr&#225;ctica art&#237;stica cargada de iconocl&#225;stia. Porque esa voluntad iluminadora, de un arte inmanente, v&#225;lido por si mismo, concentrado en su propia revelaci&#243;n negaba la posibilidad de respuesta a ambas preguntas. El minimalismo como consecuencia &#250;ltima de la cr&#237;tica formalista, de la concentraci&#243;n en la b&#250;squeda de una pureza y esencialidad de la obra, estaba cargado desde sus inicios de una voluntad por apartar del arte, no s&#243;lo elementos narrativos e ilustrativos, sino fundamentalmente su car&#225;cter comprometido ideol&#243;gicamente, el potencial revolucionario y pol&#237;tico con el que hab&#237;an venido cargados los artistas de las vanguardias europeas: iluminar s&#237;, ilustrar no.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Y sin embargo, una de las posibles respuestas a la pregunta de Adorno la daba el recientemente fallecido Jorge Sempr&#250;n en &#8220;La escritura o la vida&#8221; donde habla de la imposibilidad literal de escribir, del bloqueo que la experiencia de la barbarie provocaba en el propio relato. Como si la pregunta de Lenin hubiese sido respuesta con una inc&#243;gnita. De hecho esa inc&#243;gnita ejemplifica una de las caracter&#237;sticas fundamentales de la contemporaneidad: el bloqueo. Ese bloqueo que Vila-Matas recorr&#237;a en &#8220;Bartleby y compa&#241;&#237;a&#8221; a trav&#233;s de los escritores que han optado por la inacci&#243;n, por la negativa a seguir produciendo. Un recorrido del que en 1997 Jean-Yves Jouannais trazaba su paralelo art&#237;stico en artistas que hab&#237;an renunciado a la producci&#243;n o con obras inexistentes: &#8220;Artistes sans &#339;uvres. I would prefer not to&#8221;. Un bloqueo sobre el que gravita la presunci&#243;n de que no es posible iluminar porque no hay nada que iluminar, no hay de donde iluminar y la acci&#243;n negativa, como acci&#243;n de resistencia, como acci&#243;n pol&#237;tica, impide producir. Por otra parte &#191;qu&#233; verdad iluminar si es imposible anclarse a una por m&#237;nima que sea? Y adem&#225;s, ya lo escrib&#237;a Sempr&#250;n, la &#250;nica verdad sobre la que pod&#237;a escribir era imposible. As&#237; que, nada que iluminar, nada que ilustrar. Aunque tal vez s&#237; sea posible ilustrar algo. No en el sentido de instruir, sino en el literal, en el de acompa&#241;ar al texto, en el de ser texto, hacerse relato: Perec en una plaza en Par&#237;s explicando pormenorizadamente todo lo que pasa, iluminando, ilustrando cada m&#237;nimo detalle. Todo, nada.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>El arte o la vida</title>
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<category domain="http://www.davidgtorres.net/spip/spip.php?rubrique2">Texts</category>


		<description>La escena tiene lugar en Nueva York hacia finales de 1933. El magnate de la prensa William Randolph Hearst y John D. Rockefeller conversan en una especie de fiesta de disfraces con cena incluida. Ambos van vestidos de &#233;poca, con trajes Luis XVI acompa&#241;ados de alguien disfrazado de cardenal Richelieu. Est&#225;n enfadados. Rockefeller acaba de ver el resultado del mural que ha encargado al pintor mexicano Diego Rivera para el vest&#237;bulo de su sede en Nueva York. Despu&#233;s de meses de trabajo, el mural no (...)

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;La escena tiene lugar en Nueva York hacia finales de 1933. El magnate de la prensa William Randolph Hearst y John D. Rockefeller conversan en una especie de fiesta de disfraces con cena incluida. Ambos van vestidos de &#233;poca, con trajes Luis XVI acompa&#241;ados de alguien disfrazado de cardenal Richelieu. Est&#225;n enfadados. Rockefeller acaba de ver el resultado del mural que ha encargado al pintor mexicano Diego Rivera para el vest&#237;bulo de su sede en Nueva York. Despu&#233;s de meses de trabajo, el mural no s&#243;lo es una alegor&#237;a sobre la revoluci&#243;n de los trabajadores triunfando sobre el capitalismo, sino que adem&#225;s incluye un retrato de Lenin. El enfado del magnate estadounidense es tal que primero manda borrarlo y luego destruirlo. Aunque, un a&#241;o m&#225;s tarde Diego Rivera lo repetir&#237;a, esta vez en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de M&#233;xico. Rockefeller le explica a Hearst la afrenta del pintor mexicano, su atrevimiento. Ambos est&#225;n hartos de esos artistas de las vanguardias impregnados de ideas comunistas, revolucionarios que quieren llenar el arte de reivindicaciones. Artistas que adem&#225;s tienen robado el coraz&#243;n de la mujer de Hearst, imbuida de bohemia, fascinada por los trabajadores, la libertad y que busca su propia expresi&#243;n, una identidad m&#225;s all&#225; de la de ama de casa y compa&#241;era del hombre de negocios. Por eso echan de menos a Matisse. Con Matisse esto no habr&#237;a sucedido, no habr&#237;an tenido problemas. Finalmente, Hearst estalla y da la soluci&#243;n: crear &#8220;una nueva ola de arte, apol&#237;tica, abstracta, con colores y formas. [...] Ensalzaremos a los artistas les haremos ricos. Y si se preocupan por temas sociales y pol&#237;ticos no los compraremos, se morir&#225;n de hambre&#8221;. Esta escena pertenece al final de la pel&#237;cula &#8220;Cradle Will Rock&#8221; (&#8220;Abajo el tel&#243;n&#8221;), dirigida en 1999 por Tim Robbins.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;La pel&#237;cula narra en tono de opereta la retirada de los fondos federales para la producci&#243;n de las artes en los a&#241;os treinta en Estados Unidos. Centrada sobre todo en la producci&#243;n teatral (ah&#237; aparece Orson Welles), retrata la incomodidad de la administraci&#243;n estatal con la creciente politizaci&#243;n de las artes y su reacci&#243;n ante ello: cortar los fondos implica de hecho acabar con la producci&#243;n. A pesar de la importancia que el mundo del teatro tiene en la trama, el episodio de Hearst, Rockefeller y Rivera ocupa un lugar destacado. Probablemente la escena de la fiesta de disfraces nunca tuvo lugar con la literalidad con la que est&#225; narrada en la pel&#237;cula. Tim Robbins busca un golpe efecto al disfrazar a los personajes de Luis XVI, nuevos monarcas del arte ajenos a la revoluci&#243;n de la calle. Pero, en todo caso, la escena simboliza el cambio de actitud frente a la producci&#243;n art&#237;stica y la conciencia plena de que es manejable. Obviamente el contexto general que implica y que entonces era incipiente, el de una guerra contra el comunismo en pro de una determinada idea de libertad, sobrepasa el contexto de la pel&#237;cula.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Tan s&#243;lo cuatro a&#241;os antes de la ejecuci&#243;n y destrucci&#243;n del mural de Rivera se hab&#237;a constituido el MoMA de Nueva York, del que Rockefeller era uno de sus fundadores. As&#237;, si el MoMA se constitu&#237;a en 1929 y en 1933 Rockefeller eliminaba el mural de Diego Ribera de su edificio en Nueva York, en 1936 se presentaba la colecci&#243;n ordenada del museo. La portada del cat&#225;logo mostraba el c&#233;lebre esquema que su director, Alfred H. Barr, realiz&#243; sobre la evoluci&#243;n de la pintura moderna. El esquema est&#225; ordenado cronol&#243;gicamente de arriba a abajo, desde 1890 hasta 1935. Los movimientos, influencias (siempre en rojo) y artistas puntuales aparecen como una constelaci&#243;n flotando entre los a&#241;os. Los gravados japoneses conducen al fauvismo; influenciado tambi&#233;n por Van Gogh, Gauguin, Cezanne, el neoimpresionismo y la escultura negra; comparte genealog&#237;a con el cubismo; pero conduce al expresionismo abstracto y la Bauhaus; y est&#225; rodeado de dadaismo, suprematismo, orfismo, futurismo, est&#233;tica de la m&#225;quina... Por diferentes v&#237;as todos acaban conduciendo en la base del esquema, en 1935, a dos &#250;nicos estilos: arte abstracto geom&#233;trico y arte abstracto no-geom&#233;trico. El grito de guerra de Hearst en la pel&#237;cula de Tim Robbins anunciaba exactamente eso: la creaci&#243;n de &#8220;una nueva ola de arte, apol&#237;tica, abstracta, con colores y formas&#8221; (sean estas geom&#233;tricas o no).&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;El esquema de Alfred H. Barr en la portada del cat&#225;logo de la colecci&#243;n era toda una declaraci&#243;n de intenciones program&#225;ticas sobre el museo cumpliendo los requisitos que de manera abrupta planteaba William Randolph Hearst en la pel&#237;cula de Tim Robbins. Si bien Barr ordenaba cronol&#243;gicamente los distintos movimientos que hab&#237;an ocupado la primera parte del siglo XX, para nada hac&#237;a ninguna menci&#243;n contextual a la producci&#243;n art&#237;stica. La influencia de la escultura negra, por ejemplo, aparec&#237;a totalmente descontextualizada sin hacer referencia al proceso final de colonizaci&#243;n, tampoco las tensiones de la primera guerra mundial que acarrear&#237;an el surgimiento de Dada aparec&#237;an, ni, por supuesto, la relaci&#243;n que el suprematismo tuvo con el proyecto de renovaci&#243;n de las artes al inicio de la revoluci&#243;n sovi&#233;tica. Al contrario, en el trascurso de los cuarenta y cinco a&#241;os que representa el esquema, el arte aparece encerrado en s&#237; mismo, encerrado en la cuadr&#237;cula del propio esquema y respondiendo no a tensiones sociales o pol&#237;ticas sino a s&#237; mismo. Adem&#225;s lo hace de manera evolutiva.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;As&#237; todo ese c&#250;mulo de movimientos, artistas e influencias parece caminar hacia un fin, hacia una especie de situaci&#243;n resumen, al mismo tiempo simplificada y s&#237;ntesis. En ello el esquema de Barr coincide con la teor&#237;a que despu&#233;s de la Segunda Guerra Mundial el cr&#237;tico de arte Clement Greenberg desarrollar&#237;a para defender a la nueva pintura norteamericana. Aunque ya en 1939 en un ensayo titulado &#8220;Avant-Garde and Kitsch&#8221; Greenberg desarrollaba la teor&#237;a de una vanguardia europea como ejemplo de alta cultura, alejada de los productos de la cultura de masas y, por tanto, tambi&#233;n concentrada en su propia definici&#243;n, en la definici&#243;n de un marco cerrado que no quedaba intoxicado por la realidad socio-pol&#237;tica circundante. Una posici&#243;n mucho m&#225;s extrema a partir de los a&#241;os sesenta en los que mostr&#243; su rechazo al Pop-Art, el conceptual y cualquier pr&#225;ctica art&#237;stica socialmente comprometida como pr&#225;cticas &#8220;contaminadas&#8221;. Esa ausencia de contaminaci&#243;n, m&#225;s un intento por depurar la pintura de elementos ajenos a ella es lo que Greenberg vio en la nueva generaci&#243;n de artistas de los a&#241;os cincuenta en Estados Unidos: Willem de Kooning, Hans Hofmann, Barnett Newman, Clyfford Stil y, fundamentalmente, Jackson Pollock. Por un lado, Pollock se concentraba exclusivamente en el lienzo, con lo cual no introduc&#237;a elementos ajenos a la propia pintura; por otro no se trataba s&#243;lo de abstracci&#243;n sino que el dripping y el all-over ven&#237;an a resumir todos los elementos de la pintura en un s&#243;lo gesto (el chorreo de pintura era al mismo tiempo composici&#243;n, trazo, color) y prescind&#237;a de otros ajenos como la narratividad o la ilustraci&#243;n; y, finalmente, de esta manera las propuestas de Pollock constitu&#237;an una especie de s&#237;ntesis de las evoluciones de la pintura moderna. De alguna forma, la valorizaci&#243;n de Pollock hecha por Greenberg coincid&#237;a con el estadio final evolutivo del esquema de la abstracci&#243;n de Barr. Ah&#237; estaba ese arte apol&#237;tico y abstracto que como una respuesta evolutiva llevaba m&#225;s all&#225; los devaneos de las vanguardias europeas y traspasaba la iniciativa de la pintura moderna de Europa a Nueva York.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En 1983, Serge Guilbaut publicaba el ensayo &#8220;De c&#243;mo Nueva York rob&#243; la idea de arte moderno&#8221; en el que narra precisamente ese cambio de capitalidad del arte tras la Segunda Guerra Mundial. En &#233;l analiza el periodo de 1946-1956 y la formaci&#243;n del movimiento de abstracci&#243;n pict&#243;rica en EE.UU. auspiciado por la C.I.A. como un instrumento de la guerra fr&#237;a &#250;til para publicitar la libertad creadora del individuo y su subjetividad frente a la rigidez del realismo socialista auspiciado por el r&#233;gimen estalinista. En 2008, la exposici&#243;n &#8220;Bajo la bomba. El jazz de la guerra de im&#225;genes transatl&#225;ntica. 1946-1956&#8221; en el Macba, de la que Serge Guilbaut era comisario, documentaba el mismo periodo. As&#237; mostraba el proceso de encumbramiento de Jackson Pollock en portadas de la revista Life y, en general, c&#57953;o se pone en marcha una historia cann&#243;ica del arte que responde tanto a las teor&#237;as de Greenberg como al esquema de Barr en el que el arte comprometido y la explicaci&#243;n contextual de las obras pasa a un segundo plano. Manuel J. Borja-Villel, director entonces del museo, era co-comisario de la exposici&#243;n e insist&#237;a, justamente, en que &#8220;Bajo la bomba&#8221; formaba parte de una programaci&#243;n en la que se propon&#237;a un modelo de explicaci&#243;n del arte moderno y contempor&#225;neo opuesto al que ejemplificaba el del MoMa puesto en marcha por Alfred H. Barr. De hecho, un a&#241;o antes, en octubre de 2007 el Macba hab&#237;a inaugurado la exposici&#243;n &#8220;Un teatro sin teatro&#8221; comisariada por Bernard Blist&#232;ne y Yann Chateign&#233;. Si &#8220;Bajo la bomba&#8221; se propon&#237;a desvelar las estrategias que conducen a un cambio de capitalidad art&#237;stica y el triunfo de una vanguardia desideologizada, y a cuestionar la hegemon&#237;a del arte estadounidense destacando otras pr&#225;cticas art&#237;sticas en los m&#225;rgenes o la periferia y el esquema evolutivo de Barr, &#8220;Un teatro sin teatro&#8221; discut&#237;a una de las bases argumentales de la escuela cr&#237;tica formalista que tomaba como referencia a Clement Greenberg: la teatralidad. La teatralidad ha sido uno de los temas de discusi&#243;n en la cr&#237;tica americana. Bajo la &#243;ptica formalista, teatralidad era un argumento de desvalorizaci&#243;n en el an&#225;lisis de, fundamentalmente, la pintura. Si una obra incurr&#237;a en teatralidad implicaba que introduc&#237;a elementos ajenos a la pr&#225;ctica en s&#237; de la pintura, elementos que entonces la alejaban de una l&#237;nea evolutiva que buscaba un anhelo de pureza de la propia pr&#225;ctica, que la alejaban de una definici&#243;n aut&#243;noma. Pero la teatralidad es recogida como idea afirmativa por la cr&#237;tica post-formalista como un intento por introducir, justamente, otros elementos en la pr&#225;ctica art&#237;stica, elementos que no s&#243;lo suponen un contagio con otras pr&#225;cticas sino un contagio con la realidad. En definitiva, m&#225;s all&#225; de una cuesti&#243;n ling&#252;&#237;stica, lo que la discusi&#243;n sobre la teatralidad pon&#237;a en juego es la necesidad o no de un arte comprometido con el mundo que le rodea o un arte cuya finalidad es su propia definici&#243;n.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;B&#225;sicamente, lo que lo que las exposiciones del Macba cuestionaban era el modelo hegem&#243;nico de explicaci&#243;n de la historia del arte moderno que el MoMA ha ejemplificado desde su fundaci&#243;n y durante todo el siglo XX. Un modelo anclado en el esquema de Barr, basado en una explicaci&#243;n cronol&#243;gica, evolutiva y en el que el arte es autosuficiente. Frente a ello buena parte de la cr&#237;tica y la teor&#237;a del arte norteamericana hab&#237;a opuesto nuevas formas contextuales de explicaci&#243;n del arte alejadas del dogmatismo formalista de Greenberg.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En 1999, antes de acometer las obras de reforma y ampliaci&#243;n del museo, el MoMA vuelve a presentar su colecci&#243;n bajo el t&#237;tulo &#8220;Modern Starts&#8221;. Pero las estrellas de la modernidad ya no son determinados artistas o movimientos sino una serie de conceptos. As&#237;, olvida la organizaci&#243;n cronol&#243;gica y evolutiva y apuesta por una organizaci&#243;n tem&#225;tica destacando tres conceptos clave para explicar la modernidad: &#8220;People&#8221;, que toma como centralidad la reflexi&#243;n sobre el hombre; &#8220;Places&#8221;, explora el lugar ocupado por la arquitectura y el h&#225;bitat; y, &#8220;Things&#8221;, que toma como eje al objeto desde las naturalezas muertas a los collages, pasando por el mobiliario o el dise&#241;o. Si el MoMA en 1999 reorganiza su colecci&#243;n tem&#225;ticamente olvidando el esquema evolutivo que hab&#237;a marcado la historia del arte del siglo XX, en 2003 la Tate Modern de Londres, otro de los puntales hegem&#243;nicos en la explicaci&#243;n del arte moderno, tambi&#233;n reagrupa su colecci&#243;n tem&#225;ticamente. En este caso los apartados son cuatro: &#8220;Poes&#237;a y sue&#241;o&#8221;, en el que toma especial presencia el surrealismo (ausente en el esquema de Barr); &#8220;Estados de flujo&#8221;, en el que la presencia primordial la ocupan cubismo, futurismo, vorticismo y sus derivaciones; &#8220;Gestos materiales&#8221; en el que los ejes lo forman el expresionismo abstracto y el informalismo; e &#8220;Idea y objeto&#8221; que se ocupa de las pr&#225;cticas ligadas al arte conceptual y el minimalismo. Vicente Todol&#237;, entonces director de la Tate Modern, insist&#237;a en que la ordenaci&#243;n no pod&#237;a ser enciclop&#233;dica, ni intentar explicar todo el arte moderno o su historia, sino diversas historias. Y esas historias adem&#225;s de abrirse tem&#225;ticamente mostrando los intereses de los artistas por el mundo, la realidad y el contexto que les toca vivir m&#225;s all&#225; de su definici&#243;n formal, no s&#243;lo rechazaba una visi&#243;n historicista del arte, tambi&#233;n lo abr&#237;a hacia otras latitudes y contextos. Ese proceso de tematizaci&#243;n de la colecci&#243;n permit&#237;a, m&#225;s all&#225; de la doctrina, establecer conexiones entre las pr&#225;cticas conceptuales en los setenta en Estados Unidos y las que se llevaban a cabo en Brasil. Bajo esta &#243;ptica, no forzada por una escol&#225;stica hist&#243;rica y evolutiva, ni forzada por un entendimiento del arte como una disciplina cerrada, es como en &#8220;Bajo la bomba&#8221; pod&#237;an establecerse conexiones con propuestas que no hab&#237;an entrado en la ortodoxia del arte como el teatro agr&#225;rio o Ram&#243;n G&#243;mez de la Serna. As&#237;, es como se inicia una explicaci&#243;n de las m&#250;ltiples iniciativas de origen art&#237;stico que tuvieron lugar en los a&#241;os setenta como una respuesta comprometida socio-pol&#237;ticamente con su tiempo. Si la Tate Modern inclu&#237;a las vanguardias brasile&#241;as de esos a&#241;os, las conexiones se pod&#237;an ampliar hacia las pr&#225;cticas art&#237;sticas conceptuales en los pa&#237;ses de Este, movimientos como Tucuman Arde en Argentina y el &#8220;grup de treball&#8221; en Catalu&#241;a. Lo que la nueva revisi&#243;n tem&#225;tica del arte del siglo XX desde las grandes estructuras muse&#237;sticas ha aportado es algo que ya estaba inscrito en las actividades de muchos creadores de los a&#241;os setenta: aquello que se quedaba fuera del esquema de Barr, aquello que Hearst detestaba de las vanguardias europeas, aquello que restaba pureza e inundaba de teatralidad al arte seg&#250;n la cr&#237;tica formalista; el compromiso del arte y los artistas con la realidad y su tiempo.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;En este proceso, desde la organizaci&#243;n tem&#225;tica del MoMA y la Tate Modern, pasando por la puesta en cuesti&#243;n del esquema de Alfred H. Barr llevada a cabo por el Macba, lo que est&#225; en juego es la idea de si el arte tiene algo que decir sobre el mundo o no, si s&#243;lo habla de s&#237; mismo o no, si, emulando el t&#237;tulo de un ensayo de Xavier Rubert de Vent&#243;s, es ensimismado o no.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Vicente Todol&#237; a prop&#243;sito de la nueva presentaci&#243;n de la colecci&#243;n en la Tate Modern hablaba de que ya no se explicaba una historia, sino m&#250;ltiples historias. Las presentaciones de las colecciones y, en definitiva, la ordenaci&#243;n de la reciente historia del arte, pero incluso el hecho mismo de coleccionar como un paralelo de comisariar (es decir, poner en relaci&#243;n unas cosas con otras), ha pasado a consistir en la elaboraci&#243;n de m&#250;ltiples relatos. Al fin y al cabo, el esquema de Barr se presentaba como un relato, con l&#237;neas discursivas que llevaban de un lugar para otro. S&#243;lo que ese es &#250;nicamente uno de los relatos posibles. Aunque era un relato autoreferencial. Los relatos que constituyen las maneras actuales de entender el arte rechazan aquella demanda inicial de Hearts y el esquema de Barr para situar al arte en un contexto m&#225;s amplio.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;As&#237; &#8220;Bajo la bomba&#8221;, no s&#243;lo ilustraba la tesis que Serge Guilbaut desarrollaba en &#8220;De c&#243;mo Nueva York robla idea de arte moderno&#8221; sino que mostraba como otros artistas hab&#237;an reaccionado ante el impacto que la Segunda Guerra Mundial y la postguerra hab&#237;an provocado en Europa. Efectivamente, la guerra y la violencia, no s&#243;lo b&#233;lica sino aquella incrustada en nuestra sociedad, es una cuesti&#243;n presente en artistas que van de Juan Mu&#241;oz, pasando por Christian Boltansky, hasta las alegor&#237;as sobre la sociedad de consumo y la agresi&#243;n sexual de Paul McCarthy. La sexualidad, como una de las parcelas m&#225;s importantes de nuestras vidas, una parcela codificada culturalmente y calificada pol&#237;ticamente hasta el extremo de convertirse en una aut&#233;ntica reclamaci&#243;n ligada a la libertad individual, el uso y connotaciones del propio cuerpo o la denuncia de las exclusiones por razones de g&#233;nero, obviamente es un tema de preocupaci&#243;n para muchos artistas: Mappelthorpe, Araki, Cindy Sherman, Eul&#224;lia Valldosera, Helena Almeida o Sylvie Fleury. Desde ah&#237; se desliga aquel compromiso del artista que ha sido una constante desde la modernidad y que aquellos protagonistas de &#8220;Abajo el tel&#243;n&#8221; quer&#237;an tapar destruyendo el mural de Rivera: por un lado, el compromiso pol&#237;tico (Antoni Muntadas, Pep Agut, Ester Ferrer, Bruce Nauman, Antoni Abad, Jenny Holzer, Eve Sussman...); y, por otro, la reflexi&#243;n sobre nuestra forma de relacionarnos con el entorno (Chillida, Kapoor, Gursky, Thomas Ruff...) o la imposibilidad de hacer, ese bloqueo contempor&#225;neo que aparece como una resistencia y que ancla sus or&#237;genes en Duchamp o en el c&#233;lebre &#8220;I would prefer not&#8221; de Bartleby (Ignasi Aball&#237;, On Kawara, Jaume Pitarch...).&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Son s&#243;lo unas posibilidades de recorridos. Unos recorridos que en la exposici&#243;n &#8220;Barcelona Colecciona&#8221; de la Fundaci&#243;n Godia se han dividido en: &#8220;Guerras, soledad y expresionismo&#8221;, &#8220;Erotismo&#8221;, &#8220;Feminidad&#8221;, &#8220;Cuerpo&#8221;, &#8220;Tradici&#243;n e innovaci&#243;n&#8221;, &#8220;Materia&#8221;, &#8220;Minimalismo&#8221; y &#8220;Espacio&#8221;. Ah&#237; est&#225;n incluidos todos los artistas citados. Podr&#237;an ser otros artistas y otros apartados. Pero en cualquier caso denotan la necesidad de entender el arte como una mirada sobre las preocupaciones contempor&#225;neas. Unas pr&#225;cticas art&#237;sticas que hablan, de la realidad, del mundo, de las personas, de la sexualidad o la guerra y cuyo tema no puede ser una autorrefencialidad discursiva, ni la pura decoraci&#243;n, la b&#250;squeda de un entorno abstracto y abstra&#237;do del mundo.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Las nuevas generaciones de coleccionistas ya no tienen en la cabeza los modelos de Hearst o Rockefeller, pero sobre todo ya no contemplan los mismos modelos de entendimiento y acercamiento al arte. Aquella demanda desesperada de un arte apol&#237;tico, un arte que exalte la belleza, abstracto y decorativo ha quedado desmantelada. Cualquier intento de acercamiento a la producci&#243;n art&#237;stica contempor&#225;nea no puede quedarse encerrado en un esquema cronol&#243;gico prefijado. Como tampoco funciona una explicaci&#243;n en t&#233;rminos evolutivos. Lo cual no significa que el arte no sea discursivo, que no responda a s&#237; mismo, sino que, impregnado de la sociedad compleja en la que vivimos, genera preguntas, recoge algunos bocados de realidad o de vida, conflicto, reflexi&#243;n y mirada sobre el mundo. De tal manera que el inter&#233;s del arte no est&#225; en &#233;l, sino fuera de &#233;l. O como dec&#237;a Robert Filliou: &#8220;el arte es aquello que hace que la vida sea m&#225;s interesante que el arte&#8221;.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Rese&#241;a de &quot;No m&#225;s mentiras&quot; por Jos&#233; Mar&#237;a Parre&#241;o par El Cultural</title>
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		<dc:creator>David G. Torres</dc:creator>

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		<title>Premi Bonart 2012</title>
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		<dc:creator>David G. Torres</dc:creator>

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		<description>Los de la revista Bonart me han dado uno de los premios que otorgan cada a&#241;o y con los que quieren destacar la labor de diversos profesionales e iniciativas en arte en Catalunya... Gracias. &lt;br /&gt;http://www.bonart.cat/actual/bonart-presenta-a-la-fundacio-vila-casas-el-primer-diari-on-line-dart-en-catala-i-entrega-els-premis-que-concedeix-la-revista/


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;Los de la revista Bonart me han dado uno de los premios que otorgan cada a&#241;o y con los que quieren destacar la labor de diversos profesionales e iniciativas en arte en Catalunya... Gracias.&lt;/p&gt; &lt;p class=&quot;spip&quot;&gt;&lt;a href=&quot;http://www.bonart.cat/actual/bonart-presenta-a-la-fundacio-vila-casas-el-primer-diari-on-line-dart-en-catala-i-entrega-els-premis-que-concedeix-la-revista/&quot; class=&quot;spip_out&quot;&gt;http://www.bonart.cat/actual/bonart-presenta-a-la-fundacio-vila-casas-el-primer-diari-on-line-dart-en-catala-i-entrega-els-premis-que-concedeix-la-revista/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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