DAVID G. TORRES




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La diáspora

en Bonart, noviembre - diciembre 2015 - enero 2016

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Una buena muestra de lo oscilante que el es sistema del arte en Barcelona, ha sido este inicio de temporada. Un escenario que podría ser interesante para un análisis desde la antropología o desde la geografía humana. A Enric Juliana, siempre atento a la geografía, le gustaría: efectivamente, la geografía es el asunto.

Desde hace tiempo, una especie de calma parece rondar el sector de las galerías. Es una buena noticia alargada en el tiempo que las diferentes asociaciones hayan conseguido ponerse de acuerdo en varias acciones. Sigue resultando chocante que existan al menos tres asociaciones y que las razones de peso que alguna vez he podido oír para la separación es que los ámbitos de trabajo de unos y otros no tienen nada que ver (como si tuviésemos mucho que ver los profesionales que engordamos la asociación de críticos más allá de escribir sobre arte, y ni eso). En cualquier caso, hemos pasado de los premios GAC del “galerismo unido” a la celebración de un inicio de temporada conjunto con feria incluida: el gallery weekend y SWAP. Un evento con el que buscar nuevas audiencias y mayor relevancia pública (algunos minutos en el TN)

Ahora viene la geografía. La subida de precios de los alquileres en la zona de Rambla Cataluña y Consell de Cent habrían empujado a las galerías allí instaladas a buscar nuevos emplazamientos. Un argumento muy en la línea neoyorquina del SoHo substituido por Chelsea sustituida por Brooklyn. Pero el caso es que esa gentrificacion, de hecho, solo ha afectado por un lado a Senda y Carles Tache, y por otro lado a Nogueras·Blanchard que por otros motivos tenían que dejar el local del Raval (otra geografía y para muchos barceloneses, visitantes de galerías, otro mundo). Desbandada de Consell de Cent: -2. Pero en el Eixample quedan las galerías del Passatge Mercader y de Enric Granados. Bajando la Rambla, en la zona del Macba, Dels Angels o etHALL. Y entonces viene la duda. Una opción: coger el metro, la línea verde, o seguir caminando hasta la Plaça Espanya y visitar la nueva sede de Carles Tache; de paso, visitar el MNAC, CaixaForum o la Fundació Miró. Segunda opción: cruzar las Ramblas, hacia el Passeig de Sant Joan, y llegar a la calle Trafalgar donde se ha instalado Senda, para luego subir hasta Urquinaona, coger el metro, la linea roja hasta Santa Eulàlia en Hospitalet. Y, entonces, visitar, ahora como si estuviésemos en Brooklyn, en un antiguo edificio industrial, con un entorno de casas con olor a conflicto, los enormes espacios de Nogueras·Blanchard y Ana Mas Projects. De paso, visitar Tecla Sala y la Fundació Arranz-Bravo. El Ajuntament de l’Hospitalet parece que está poniendo énfasis en buscar una cierta capitalidad artística de la ciudad. Hay algunas ventajas: espacios disponibles a precios asequibles y buena comunicación. ¿Qué falta? la poca predisposición de los barceloneses a considerar que existe algo fuera del Eixample, del Raval o por debajo de la Diagonal. No hay vasos comunicantes. Y si muchos no van la Raval, no sé como irán a Hospitalet o Plaza Espanya.

Unión (actividades compartidas) y diáspora (separación geográfica): como si la única manera de estar unidos fuese estando separados. Metáforas poéticas y geográficas interesantes. Pero aunque nos guste la comparación con Nueva York, en Barcelona el público real y potencial es pequeño. La pregunta, entonces, es: ¿si el que hay está dispuesto a seguir la diáspora? ¿de qué habrán servido sino esos minutos en el TN?


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