DAVID G. TORRES




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La exposición sin mapas

en Bonart, núm. 146, diciembre 2011

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La escena tiene lugar en el museo Reina Sofía de Madrid. Acoge una gran exposición de Alighiero e Boetti. Ahí está todo, primera oportunidad para ver la producción completa del peculiar artista italiano. Un artista que ha adquirido un halo mítico, justamente por lo disperso de su conocimiento (los mapas y tapices, sobre todo, y luego otras acciones diversas) y, también, por lo peculiar de su itinerario vital (la estancia en Afganistán). Del Reina Sofía la exposición viajará a la Tate y al Moma. En una de las salas, la dedicada precisamente a los mapas sobre tapices, rodeados por siete u ocho de esas obras unas visitantes intentan encontrar algunas explicaciones. Hablan de su habilidad en el uso de los colores, pero no acaban de encontrar el porqué de de los mapas, de repetir tanto el mismo motivo, será que hay una evolución, que intentaba encontrar una buena solución para representar el mapamundi y sus países coloreados con sus banderas y algunos son tentativas hasta encontrar la buena resolución, se preguntan. Nada lo explica. En estas, una vigilante de sala acude solícita a resolver algunas dudas. No, en lo que hay que fijarse es en los cambios en los mapas y los territorios: veis, aquí todavía existía la URSS, aquí ya no, y aquí Alemania está dividida, en este otro no, y fijaros en los cambios en los países de oriente próximo, es algo que a Alighiero e Boetti le interesaba mucho porque pasó algún tiempo en Afganistán. Y ya que estamos, ¿hacía él los tapices? La pregunta queda en el aire sin respuesta. En una pequeña sala contigua hay un mapamundi en el que Alighiero e Boetti dibujó en colores las banderas sobre cada país. Un dibujo que debió de servir como modelo para los tapices que le realizaban por encargo en Afganistán siguiendo la tradición local.

El pasado viernes 4 de noviembre, en su crónica sobre otra exposición en el Reina Sofía, “Locus Solus”, Elena Vozmediano escribía en las páginas de El Cultural de El Mundo: “Como viene ocurriendo en el Reina Sofía, el espectador no entenderá la pertinencia de la mayoría de las piezas si antes no lee el catálogo, y aún así le quedará alguna duda”. También el catálogo de la exposición de Alighiero e Boetti habla mucho más del artista que la exposición. Y aclara, como lo hace el libro que escribió su viuda, Annemarie Sauzeau Boetti, “Alighiero E Boetti: Shaman-Showman”, una especie de dietario que recorre la vida del artista a través de recuerdos y fotografías. O, como lo hacía una obra expuesta hace un par de años en el mismo museo. Se trataba de un diaporama de Mario García Torres, "¿Alguna vez has visto la nieve caer?", en el que a través de algunos rastros documentales intenta explicar qué hizo Alighiero e Boetti en Kabul, dónde estaba el One Hotel que regentó en la capital afgana y qué había ahora. Y con ello no sólo hablaba del artista italiano, sino de una época mítica, de un artista con rasgos heróicos y de cómo ha cambiado el mundo ¿quién iría hoy a Kabul?

Fueron artesanos afganos quienes hicieron los tapices, pero sigo sin saber con certeza si los mapas tenían que ver con una reflexión sobre los cambios en la geografía política. Lo dudo. La exposición de Alighiero e Boetti es necesaria, sigue siendo un artista mítico, podemos seguir pensando sobre él e interrogándolo. Pero mientras, la exposición sigue muda, sin pistas ¿Qué sentido tiene exponer todo, sin intentar explicar nada o, al menos, sin señalar las preguntas adecuadas?


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