DAVID G. TORRES

Estudios curatoriales

en Bonart, núm. 126, abril 2010

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En los últimos años han proliferado los estudios curatoriales, en cátedras de universidades (extranjeras, por cierto) o en diversos másters sobre curadoria (más locales). Antes no había este tipo de estudios. Y de hecho desde el sector, tanto artistas, como críticos y comisarios, siempre hemos defendido la necesidad de crear puentes de inserción real en el trabajo en arte tras el paso por la universidad.

Podemos cuestionar si el comisariado es una disciplina, si tiene una especificidad como labor intelectual y por esa línea podemos preguntarnos por la validez de estudios que pretenden sistematizar su práctica. Sin embargo hay ocasiones que nos desvelan la necesidad de este tipo de estudios y la necesidad, especificidad y carácter disciplinario del comisario de exposiciones. En este sentido, hay dos exposiciones recientes, extrañamente relacionadas, a partir de las que se pueden planear algunas observaciones y preguntas que, en positivo, certifican la necesidad del comisario.

La primera es: “Atopía. Arte y ciudad en el siglo XXI” en el CCCB. En muchas ocasiones se ha dicho que una exposición es un texto, es decir, que establece un relato. Lo contrario de un relato es una suma de obras (cromos) que ilustran una serie de capítulos cuya mayor contribución a ese no-relato consiste en que en ellas, o bien aparecen personas, o bien ciudades, o bien ambas cosas: “el malestar urbano”. Un malestar frente al que habría que preguntarse si realmente es contemporáneo o, al menos, si la colección de cromos que lo ilustra configura una imagen del arte verdaderamente contemporánea. Mantener la pulsión con la contemporaneidad no debería de ser unicamente parte de la labor curatorial, sino que es un imperativo intelectual. Sólo como pregunta: ¿es contemporáneo entender las obras como ilustraciones, como piezas cerradas en si mismas y con una ausencia absoluta de narratividad justamente por ese carácter ilustrativo?

A ello podría responder el segundo ejemplo: Mario García Torres "¿Alguna vez has visto la nieve caer?" en el MNCARS. Un artista que justamente trabaja sobre el relato. Pero un relato hecho de la imposibilidad de decir nada nuevo. Por tanto, construido como un collage, que usa a otros y otras imágenes para decir algo. Así borra los límites entre el trabajo del artista, el de comisario, el del crítico y el del escritor. La obra de Mario García Torres respira contemporaneidad, porque en si misma es relato, pero un relato sampleado. "¿Alguna vez has visto la nieve caer?" está expuesta en el sótano del museo. Un museo al que no le faltan metros cuadrados precisamente. También, un museo concienciado, de izquierdas, crítico, un museo que habla del valor político de la cultura. Ese museo ¿ha pensado en los vigilantes de sala que pasan su jornada laboral en un sótano? O ¿en la imposibilidad de acceso para personas con problemas de movilidad?

Son cuestiones que no sé si se aprenden o no, pero que hay que pensar antes de hacer una exposición.


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