Primer paso. No creo que tenga mucho que decir sobre
Bienalización, sobre la bienalización del arte
contemporáneo, sobre un supuesto fenómeno de
profusión de bienales de arte contemporáneo a lo
largo del planeta. Me temo que esa falta de ideas se corresponde con un
aire de los tiempos. Una excusa zafia, pero quizá la falta
de ideas no es mía, sino del arte en general y de las
bienales en concreto. Falta de ideas que servirá para cerrar
este recorrido.
Dos. Unos amigos, en la nevera de su casa tienen enganchada una postal
que en 2003 editó Doméstico en Madrid. La postal
simplemente enuncia una exigencia: “¡Exigimos
bienales todos los años!”. En la
presentación de estas jornadas se ponía una cifra
sobre la mesa: parece ser que alguien se molestado en contar el
número de bienales y resulta que se hacen más de
100 bienales internacionales cada año en el mundo. La
realidad ha superado el enunciado de la postal, ya no tiene gracia, no
hay ironía, en todo caso a la inversa: se ha quedado corta.
Tres. Un axioma del periodismo es que no información y
saturación de información producen el mismo
efecto de silencio y de desactivación de la noticia.
Según ese axioma, cientos de bienales sería igual
a que no hubiese ninguna. Conclusión: no hay bienales
internacionales de arte contemporáneo.
Cuatro. Eduardo Pérez Soler ha hablado aquí de la
uniformidad entre todas esas bienales. Ha denunciado la tendencia al
consenso. Los “40 principales” del arte repartidos
a lo largo de más de 100 bienales. En realidad se
trataría de los “100 principales”:
“Cream” es el título de un libro que
recoge una selección de 100 artistas elaborada por 10
comisarios, 10X10=100; “Cream” lleva varias
ediciones. Aunque Taschen se adelantó a la idea,
años antes ya editó varios volúmenes
de “Artistas contemporáneos” o
“Mujeres artistas”. Pero Taschen es el editor que
inventó los libros de arte a precios populares;
“Cream” colabora con comisarios establecidos...
¿por el consenso?
En una entrevista que realicé a Manuel Borja-Villel
comentaba que el destino del Macba (lugar de este encuentro sobre
bienalización y en el que se habla de especificidad y
consenso) era ser un museo como cualquier otro, su especificidad pasaba
por no ser específico, por eso decidió trabajar
en otro tipo de especificidad y de relato.
Cinco. Menene Gras comentaba en la presentación de estas
jornadas que este era “el año de las bienales
asiáticas”. Fernando Jarauta señalaba
más tarde que “la Bienal de Venecia y Documenta
habían sido el Who is who. Ya no”. Imposible ahora
en ese circuito de bienales, asiáticas o no. Volviendo al
axioma periodístico: las bienales no son bienales, son
exposiciones.
Seis. El verano de 2007 vuelve a ser el verano de las citas
clásicas: Venecia, Bassel, Kassel, Munster. La Bienal de
Venecia abre sus puertas para profesionales del 6 al 9 de junio. La
feria de Basilea tiene lugar a partir del 9 de junio. Documenta en
Kassel se inaugura el 13 de junio. El Proyecto Escultórico
de Münster se presenta a partir del 15 de junio.
¿Quién va a hacer la Gimcana
Venecia-Basel-Kasel-Munster? 10 días para visitarlo todo. La
coincidencia de fechas no es casual, de esta manera coleccionistas,
directores de museos y profesionales americanos pueden aprovechar la
visita a Europa.
Siete. Una Bienal, tal vez ya no es el who is who, tal vez no marca la
actualidad, tal vez está marcada por el consenso, pero puede
ser un evento. Documenta XI fue una exposición, pero
intentó también ser un evento. Por lo menos,
durante su preparación, con la creación de varias
plataformas de discusión a lo largo del planeta. Eventos
anteriores a la exposición.
Ocho. Que las bienales no sean bienales sino exposiciones, que
Documenta tampoco sea ya el lugar para el “who is
who”, que constantemente echemos de menos la
impresión que debía suponer la visita a Documenta
5 como lugar de materialización del arte conceptual, parece
sumirnos en una crisis. Y sin embargo, si hay una crisis en arte no
será a costa de las bienales y documentas. Los salones de
Otoño de principios de siglo XX en París
también se acabaron... y dieron paso a otros modelos de
trabajo y exposición en arte.
Nueve. Mi experiencia bienalística se reduce a una
ocasión. Y ni siquiera se trataba de una bienal
internacional de esas que salen listadas entre las 100 del mundo. En
2004 con Miguel Perez Von Hafe organizamos la Bienal de Pontevedra. En
Pontevedra sólo hay dos elementos que relacionen la ciudad
con el arte contemporáneo: la facultad de Bellas Artes y la
bienal. La bienal de Pontevedra tiene, por tanto, una responsabilidad
con el contexto en el que se da: única exposición
de arte contemporáneo y, así, elemento
útil para dar a conocer e introducir en una
pequeña ciudad el arte actual; e incentivar la
relación con una facultad de Bellas Artes especialmente
activa. Al mismo tiempo, la Bienal de Pontevedra en 2004 se propuso
reproducir un contexto de relación intensa entre artistas
que provenían desde diferentes ámbitos. Respecto
a la ciudad: apenas un profesor de Bellas Artes se interesó
y buscó alguna complicidad con la exposición, que
ocupaba espacios de la propia facultad y siempre vieron como algo
ajeno; otra de las sedes correspondía al Instituto de
educación secundaria sito en el centro de la ciudad, el
director de este centro un tiempo más tarde
comentaría, desde su responsabilidad pública y
educacional, a uno de los colaboradores en la bienal, que no
iba a volver a permitir que se volviese a exponer una
tomadura de pelo semejante, literalmente. Y sin embargo, en
términos generales, seguramente es el trabajo que
más satisfacciones me ha dado: por los propios resultados,
la exposición en sí, la intensidad del trabajo
allí desarrollado y, finalmente, tener la
sensación de que durante un breve lapso de tiempo
conseguimos crear un contexto de intensidad en arte.
Diez. Una bienal es entonces: ¿una exposición?
¿un lugar para detectar el who is who? ¿un
espectáculo subvencionado con dinero público?
Pero más allá: ¿qué tipo de
industria es el arte? ¿está ligada de alguna
manera a I+D? pero busca gran visibilidad en exposiciones
públicas ¿pertenece entonces a la industria del
espectáculo? Lo único claro es, como declaraba
Francisco Jarauta, que “el arte es un fenómeno
cultural”. Hay que pensar cómo es ese
fenómeno.
Once. Repensar el fenómeno del arte en los tiempos de la
globalización pasa por repensar los modelos de
exposición sobre los que se trabaja y términos
como internacional. Porque ¿cómo y sobre
qué base en estos tiempos globales se sujeta la idea de la
pieza única?; ¿por qué nos hemos
dejado convencer antes por el mercado o el espectáculo que
por el estructuralismo olvidando nociones que asientan
ideológicamente la práctica del arte
como la muerte del autor?
Finalmente: ¿por qué
internacionalización e internacional? ¿por
qué resulta que las bienales son eventos internacionales?
Con representaciones nacionales como en la ONU. La palabra
internacional asienta la idea de estado-nación, de bandera
y, finalmente, de cierto orden del mundo. Cuestiones que en cultura y
en arte, especialmente, hemos puesto en jaque constantemente.
¿Al olvidar el estructuralismo también hemos
olvidado a Dada? Hablando de Dada. En arte siempre se ha dado en
contextos intensos, con relaciones entre ellos, y esos contextos no
tienen nada que ver con lo nacional ni con lo internacional. Aceptar y
asumir esas dinámicas contextuales y relacionales en arte
sí que implica negarse a jugar el juego de los 40
principales y empezar a preocuparse del arte como fenómeno
cultural antes que como mercado.
Y último paso, doce. Las bienales están en
descrédito y hablamos de ellas de forma
peyorativa. Frente a ese descrédito, Menene Gras
hablaba de la necesidad de reformular el término. Pero en
arte la cuestión siempre está en el contenido: si
la forma falla es que algo pasa con el contenido, y cambiar la forma,
el enunciado en este caso, no afectará al contenido, que,
visto lo visto, parece el verdaderamente afectado.
Pero volviendo sobre lo general, quizá simplemente no es un
buen momento para el arte. Tampoco sería grave, o tan grave
como el cierre de los salones en París. De manera un tanto
naïf y simplificando mucho, siempre me he preguntado como se
sentían Robert Rausenberg y Jasper Johns, pasado el
expresionismo abstracto y esperando que llegase el Pop Art.
Cuando Gustave Flaubert publicó
“Salambó” le preguntaron como
después de haber escrito sobre la vida de una mujer de
provincias de su época (Madame Bovary) había
decidido escribir sobre un episodio situado en las Guerras
Púnicas. A lo que Flaubert respondía diciendo que
hasta que punto la época que le había tocado
vivir le resultaba aburrida que había tenido que irse a un
momento perdido en la historia para salir de tal aburrimiento. La
segunda mitad del siglo XIX sería aburrida pero nos
dejó a Flaubert, Baudelaire o Mallarmé.
David G. Torres
Barcelona, noviembre de 2006
www.davidgtorres.net